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jueves, mayo 30, 2013

Interpretación del escupo en la cara de Bachelet.

Ayer en la noche todos los noticieros nos mostraban hasta el cansancio la escena de un joven que insulta y escupe en la cara de la ex presidenta y ahora candidata del PS Michel Bachelet. De verdad es una escena vergonzosa, violenta y condenable, una insolencia y un abuso por donde se lo mire, pero sin embargo -sin querer justificar este hecho por cierto reprochable-, también existe una infamia por parte de los medios de comunicación masiva al tratar y presentar esta noticia de manera redundante, en donde solo se enfatizan los juicios de repudio hacia la conducta violenta de este joven estudiante ariqueño que agredió a Bachelet, pero lo malo es que el tratamiento mediático de esta noticia solo se queda en la superficie y evita deliberadamente analizar en profundidad la significación de este hecho, por lo tanto, el mensaje se reduce solo a la idea del repudio, la condena, la criminalización y el aislamiento del hecho, sin relacionarlo con el contexto político social del Chile actual.


Lo mismo pasó antes con el caso de la estudiante secundaria María Música Sepúlveda, la cual el año 2006 le arrojó medio jarro de agua en la cara a la señora Mónica Jiménez, la entonces ministra de educación  del gobierno de Michel Bachelet, en esa oportunidad a esta joven los medios de comunicación la juzgaron y reprendieron moralmente sin tratar siquiera el contexto de indignación que llevaba a los estudiantes secundarios a movilizarse. Lo mismo  sucedió hoy con el caso del señor que le arrojó huevos al candidato de la UDI Pablo Longueira en Concepción, la prensa de la TV chilena continua con el mismo tratamiento noticioso, solo criminaliza y no toca el fenómeno social de fondo, no indaga, no reflexiona, solo juzga a priori ( o prejuzga) de forma automática, y no alcanza a leer los signos de la indignación ciudadana, la desesperación, el malestar de la gente común,  pues solamente se hace parte de ese bloque político-comunicacional monolítico y hegemónico que aísla y subestima a las voces disidentes.

Repito, no justifico el escupo en el rostro de Michel Bachelet, sería mil veces mejor buscar otro modo, un modo adecuado, correcto y respetuoso para enrostrarle a la señora Bachelet su responsabilidad política y la complicidad de su coalición -la Concertación-  en el malestar de nuestro pueblo. Pero me inclino a pensar  que estos hechos no son simples, y no se trata solo de anomalías aisladas, porque tanto  los escupos, los huevazos, y otros actos irrespetuosos y destemplados, son en el fondo intentos violentos y desesperados de hacerse escuchar, y  se dirigen con rabia hacia ciertos personajes de la política chilena son actos sintomáticos que merecen un al menos un análisis socio-antropológico.

No basta con condenar la violencia venga de donde venga a la ligera, sin reflexión. Las causas de la violencia, el descontento, el malestar y la frustración política de muchos chilenos la debemos buscar en la exclusión social, el abuso y la profunda injusticia que debemos soportar en este sistema ilegitimo y antidemocrático, sustentado en la Constitución militar de 1980, y un sistema binominal que tanto la Concertación como la Alianza se empeñan en defender porque al parecer les acomoda. Finalmente la transición a la democracia fue una estafa, la democracia real y participativa nunca llegó a la mayoría de los chilenos.

Por eso no basta con solo condenar la conducta antisocial, hay que llegar a solucionar las causas sociales de la violencia política. Debemos recuperar la democracia, y los políticos deben recobrar la confianza de la ciudadanía, antes que tratar de hacerse respetar por la “autoridad” que les brinda su posición de poder, y el respeto que impone finalmente la fuerza represiva que los defiende. Los políticos o los que quieran ser políticos en Chile, tienen que entender de una vez por todas que tienen que ganarse primero el sincero aprecio y la confianza del pueblo, basta de “autoridades” y figuras políticas intocables, que no representan a nadie más que a sus propios intereses y ansias de poder.

La prensa masiva chilena insiste solo en  criminalizar la protesta social, ya sea de los estudiantes, trabajadores, pobladores, pescadores o mapuches, esto a la larga, es una pésima política, que solo aumenta el conflicto y la distancia entre la ciudadanía y los políticos que solo representan los intereses de la élite económica del país.  

Hacer eco del repudio generalizado que provoca este hecho violento y grosero de escupir el rostro de una mujer, una candidata a la presidencia, y no atender las causas que motivaron este hecho, es hacer una clara maniobra política de defensa de estatu quo. El no querer leer estos fenómenos político-sociales de descontento, como son las señales detrás del escupo en la cara de la Señora Bachelet, es una decisión político-estratégica de conveniencia, porque bien que los medios de comunicación  leen e interpretan en detalle cualquier fenómeno cotidiano como una señal política-económica cuando se trata de temas de mercado, pero no hilan fino al momento de leer e interpretar los fenómenos político-sociales.


Pero lo que está claro en este hecho –repudiable insisto– es que el escupo en la cara de la candidata, es también un signo o síntoma social que merece una lectura más profunda, pues no se analiza, no se relaciona el hecho con posibles causas o motivaciones sociales, de malestar, angustia o desesperación,  para así poder comprender el fenómeno y e intentar solucionarlo de raíz. Pero desde arriba  no existe voluntad de ceder, solo se insiste en repetir la misma fórmula,  limitar y aislar el hecho puntual del descontento y el malestar, como si fuera un punto negro, un tumor a extirpar, desvinculándolo de su contexto social, de sus causas humanas y sentidas, para finalmente insistir en la criminalización, clausurando cualquier posibilidad de comprender lo que no se quiere ver ni escuchar.